PINTANDO VERSOS

ANA MARIA ESPINOSA(Carla Herrera)

martes, 19 de febrero de 2008

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mañana del
19 de febrero de 2008: +

José Antonio Andrés
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Once tazas vacías

una oscura taza

veintisiete partituras;

sumándoles,

construír la ciudad roja

termina siendo un sueño sin pájaros.

Otro desafío, blanco, sin huella,

en serpenteado imposible;

huérfanos aún del fin de los discursos,

del barranco de los cristales rotos

¿y este beso?

En la resurrección de los lápices:

rosas, besos,

latitudes abiertas del niño y el águila.
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Víctor Gómez.
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¡La noche, ay la noche!.

Custodia del horror

en las siete esquinas del mundo.

En cada esfera de cristal:

un color, la madera, el vidrio,

un clavel rojo, trece rosas, una rosa blanca,
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se condensan.

¡Tanta flor silvestre borrada del camino

en la encrucijada de la muerte!.

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Un niño nonato rasga en lo oscuro,

huérfano de la luz no vislumbrada;

un niño con latido de lápices de colores

pintará desde su orilla nueva estrella,

donde una ciudad azul será fundada.
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Y la flor y el dolor se encadenan.

En Portugal: claveles sublevados

taponan los fusiles.

En España: trece rosas rojas

cantan ante el paredón.

en Alemania es torturada

la rosa blanca

y otra vez la noche

con sus cristales rotos,

pisotea la estrella de David.

En la Argentina: la noche ensarta

con sus lápices la juventud.


Ana María Espinosa
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4 comentarios:

Blogger Julio Obeso González ha dicho...

Está ocurriendo una vez más con la natural cadencia del tránsito entre estaciones: La fantasía y la palabra enamorándose.
Parte el mensaje.
Efecto mariposa en el pulso de Ana. Víctor, con su enésimo café corto y fuerte, presiona letras que no existen, que no funcionan salvo en su mirar. Es así su enfoque, una conversación con los seres inexistentes que habitan los momentos. Víctor capaz de hacerse entender con tres apuntes, dos exclamaciones, un silencio.
La revolución es un trapecio, cuando los trampolines se alzan desde el tercer universo (sin red entre el hambre y el derecho a vivir), salto mortal lanzado, tirabuzón, vértigo ¿dónde están las manos? ¿no era esto un juego de amor entre contrarios? No, no lo era. Quizá sea por no reventar del todo que sus palabras endulzan de once en once las tazas,de veintisiete en veintisiete los trinos que diluyen el sueño de los pájaros. Siempre le vi con lápices en las manos: "Niño, niño Víctor: Dibújame un elefante arrodillado, un payaso mandarina, el cobertizo donde la leña guarda al miedo" Sólo podré entender o seguir lo que trama el águila, si tú me avisas de su vuelo. A veces confundo su sombra, el paso de su sombra, con la inocencia de un gesto.
Llega el mensaje.
Ana, no sé, frágil en el trabajo, quebradiza en la siesta, ladea la cabeza (es un ángulo que adora la inspiración). Criba las sensaciones y cascarillas de tinieblas se despojan de torturas que no son pasado, caen a sus pies y parecen fósiles de aves bicéfalas, mustias flores de un invierno que fue cetro de la muerte insostenible, preñada de esperpénticas banderas. Ana está llorando, no sé, por la carne que nunca fue, por la que siendo nunca quiso crecer. Ella que se aferra a las manos de Carlos en cualquier cabina, sabe que ese vuelo ha de hacerlo sola. Busca almas que partieron a destiempo, partidas por el hacha infinita del grotesco. Thiamen esparcida de arroz en bodas de sangre.
Madres de mayo alérgicas a las primaveras.
Auschwitz-Birkenau (consiguieron hacer jabón con sus pellejos)
La mala muerte del número trece en rosas indomables.
Con el cariño que sólo en las madres nace, afila un lápiz rojo. Escribe en el vidrio : "Vendimia en mí olvido. No encontrarás vid más seca a tus dedos cizalla"
Se van levantando y se acercan para firmar, al fin con su nombre, los huérfanos de todas las guerras.

Amigos míos, estoy porque me habéis enamorado y encendido. Dejadme compartir con vosotros esta trinchera tan hondamente humana. Mi abrazo, mi beso.

Julio

20 de febrero de 2008, 21:43  
Blogger Viktor Gómez ha dicho...

Julio:

dile a Ana que quite nuestros poemas y siembre tu prosa, como el agua de lluvia que de nunca llegar al precititarse nos convierte a la religión de las nubes benefactoras, del cielo sanador.

dile a Ana que quite
mi cordura y su temblor porque en éste páramo del presente locura sólo de un sol brilla, tras la lluvia, de solo un sol nace,a las simientes invisibles, con su osadía, desde su milagro, posibilitado sin crimen ni desmemoria, sin odio ni abandono un verde espacio de afectos y alas, un verde espacio de encuentro y palabra.

Julio, dile a Ana que te envidio más desde que eres poeta (o sea desde que España juega a futbol y en Dinamarca beben cerveza)

Un abrazo que aprieta pero no suelta,

Viktor

21 de febrero de 2008, 12:02  
Blogger Ana María Espinosa ha dicho...

Que sapáis, tartarillos, que no os contesto porque os deparo algo más especial. Esperad, esperad, hombres de poca fe.

27 de febrero de 2008, 12:16  
Blogger Julio Obeso González ha dicho...

miedo me das...

29 de febrero de 2008, 19:08  

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