PINTANDO VERSOS

ANA MARIA ESPINOSA(Carla Herrera)

martes, 18 de septiembre de 2007

JUAN RAMON JIMENEZ. Para hallar un poco de paz.

*
Al fin nos hallaremos. Las temblorosas manos
apretarán, suaves, la dicha conseguida,
por un sendero solo, muy lejos de los vanos
cuidados que ahora inquietan la fe de nuestra vida.
*
(Nostalgia.JRJ)
*
*
Cuando el amor se va,
parece que se inmensa.
*
¡Cómo le aumenta el alma
a la carne la pena!
*
Cuando se pone el sol
lo ahondan las estrellas.
*
(La Ausencia.JRJ)
*
**
Para hallar un poco de paz,
volvamos a esa sencilla perfección del poeta,
a esos paisajes y remansos
a los que los sueños abren sus puertas
cuando un aire idílico y melancólico
nos impacta en el centro de la tristeza.
*
Regresemos a los campos,
a los montes, a las playas,
a los lagos, al mar...
-por unos momentos-
para olvidar, escapar acaso
de tanto paisaje urbano des-urbanizado,
deshumanizado.
*
Ana Mª Espinosa.
*
Leamos a Juan Ramón:
*


XXIII - LA VERJA CERRADA

Siempre que íbamos a la bodega del Diezmo, yo daba la vuelta por la pared de la calle de San Antonio y me venía a la verja cerrada que da al campo. Ponía mi cara contra los hierros y miraba a derecha e izquierda, sacando los ojos ansiosamente, cuanto mi vista podía alcanzar. De su mismo umbral gastado y perdido entre ortigas y malvas, una vereda sale y se borra, bajando, en las Angustias. Y, vallado suyo abajo, va un camino ancho y hondo por el que nunca pasé...
*
¡Qué mágico embeleso ver, tras el cuadro de hierros de la verja, el paisaje y el cielo mismos que fuera de ella se veían ! Era como si una techumbre y una pared de ilusión quitaran de lo demás el espectáculo, para dejarlo solo a través de la verja cerrada... Y se veía la carretera, con su puente y sus álamos de humo, y el horno de ladrillos, y las lomas de Palos, y los vapores de Huelva, y, al anochecer, las luces del muelle de Riotinto, y el eucalipto grande y solo de los Arroyos sobre el morado ocaso último...
*
Los bodegueros me decían, riendo, que la verja no tenía llave... En mis sueños, con las equivocaciones del pensamiento sin cauce, la verja daba a los más prodigiosos jardines, a los campos más maravillosos... Y así como una vez intenté, fiado en mi pesadilla, bajar volando la escalera de mármol, fui, mil veces, con la mañana, a la verja, seguro de hallar tras ella lo que mi fantasía mezclaba, no sé si queriendo o sin querer, a la realidad...

(Platero y yo. JRJ)
*

Iba tocando mi flauta

a lo largo de la orilla;

y la orilla era un reguero

de amarillas margaritas.

(JRJ)



XXVIII - REMANSO

Espérate, Platero... O pace un rato en ese prado tierno, si lo prefieres. Pero déjame ver a mí este remanso bello, que no veo hace tanto años...
*
Mira cómo el sol, pasando su agua espesa, le alumbra la honda belleza verdeoro, que los lirios de celeste frescura de la orilla contemplan extasiados... Son escaleras de terciopelo, bajando en repetido laberinto; grutas mágicas con todos los aspectos ideales que una mitología de ensueño trajese a la desbordada imaginación de un pintor interno; jardines venustianos que hubiera creado la melancolía permanente de una ruina loca de grandes ojos verdes; palacios en ruinas, como aquel que vi en aquel mar de la tarde, cuando el sol poniente hería, oblicuo, el agua baja... Y más, y más, y más; cuanto el sueño más difícil pudiera robar, tirando a la belleza fugitiva de su túnica infinita, al cuadro recordado de una hora de primavera con dolor, en un jardín de olvido que no existiera del todo... Todo pequeñito, pero inmenso, porque parece distante; clave de sensaciones innumerables, tesoro del mago más viejo de la fiebre...
*
Este remanso, Platero, era mi corazón antes. Así me lo sentía, bellamente envenenado, en su soledad, de prodigiosas exuberancias detenidas... Cuando el amor humano lo hirió, abriéndole su dique, corrió la sangre corrompida, hasta dejarlo puro, limpio y fácil, como el arroyo de los Llanos, Platero, en la más abierta dorada y caliente hora de abril.
*
A veces, sin embargo, una pálida mano antigua me lo trae a su remanso de antes, verde y solitario, y allí lo deja encantado, fuera de él, respondiendo a las llamadas claras, «por endulzar su pena», como Hylas a Alcides en el idilio de Chénier, que ya te he leído, con una voz «desentendida y vana»...
*
(Platero y yo.JRJ)
*
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando
*
(El viaje definitivo.JRJ)
*

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2 comentarios:

Blogger Viktor Gómez ha dicho...

Este ha sido el año de Juan Ramón Jimenez. Leerlo en tu lar, bajo tu pincel ayuda a comprender y revivir el gran salto, la bella Atlántida que creó un Poeta Mayor e irrepetible, un ruiseñor cósmico, un pacífico maestro del silencio y el son.

Este blog es una maravillosa alacena de prodigios.



Tu Viktor

18 de septiembre de 2007, 14:02  
Blogger Ana Maria Espinosa ha dicho...

Así es, "Poeta Mayor e irrepetible","Ruiseñor cósmico" "Pacífico maestro del silencio y el son", mejor no se puede expresar.

Volver a sus lecturas es
redescubrir belleza y misterio
sencillez y autenticidad
a un tiempo.

Gracias por tus palabras.

19 de septiembre de 2007, 17:01  

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