PINTANDO VERSOS

ANA MARIA ESPINOSA(Carla Herrera)

lunes, 14 de mayo de 2007

"DESENTERRADOR DE VIVOS"

27 de Abril 2007

Presentación del libro
“Desenterrador de vivos”
en la Sala Compañía de
Jerez de la Frontera.






Carlos Edmundo de Ory.
(Cádiz, 1923)








“Tótem revolútum”

No soy más que un escobero
Un guardajoyas cualquiera
Un pisaúvas un matón
No soy más que un angelote

Soy en esta tierra un pillo
de siete suelas un títere
un tiesto un encapuchado
un fresco que toma el fresco

Soy un doliente arlequín
y un guardagujas nocturno
un tonto de capirote
un maestrescuela excomulgado

Además soy ¡qué sé yo!
Un cachivache eterno
Un violín en la cocina
Un palillo en el desierto
Una vela encendida en una roca
Una regadera en el mar
¡Y un andaluz en un andén!

(Carlos Edmundo de Ory)




Santiago Burgos Mateo.


Fernando Polavieja canta
este poema de Carlos Edmundo,
dejándonos la imagen del poeta
en un solitario andén
de partidas y regresos
y termina tarareando:

¡Yun an da luz… en un an dén!,
¡Yun an da luz… en un an dén!,

Desde la infancia recuerdo a Fernando
con su guitarra, su aguda voz,
sus bromas, su optimista energía,
junto a mi tío José María Gutierrez
y demás primos y amigos,
ensayando a la guitarra, a la batería.

Recuerdo sus actuaciones
en el Club Nazaret de Jerez y
en las verbenas de los barrios.
Recuerdo esa canción que decía:
“Eran cinco borriquillos que pastaban
por el campo, y de pronto vino el lobo ….”
¡Ellos formaban uno de mis grupos de los años sesenta!.
Recuerdo sus guateques, la juventud
que les rebosaba en los ojos,
volcada en aquellas composiciones musicales,
y recuerdo sobre todo, sus sueños …
Yo los espiaba hasta que me descubrían
y claro…. de los guateques me largaban
del tirón.

*
“Rosa Mía”

Aquí estoy enseñando a comer nieve a la gente
Dando estrellas a la gente
A todas las horas viene gente
para verme y besarme en los ojos
La física nuclear no me sirve para
comprender por qué lloro por amor
Siéntate siéntate conmigo aquí
TODO LO QUE ES BELLO ES FIEL
¿Por qué no quieres vivir conmigo
como si fuéramos ángeles?
TE MIRO.

(Carlos Edmundo de Ory)


….Este otro poema,
lo canta Luis Eduardo Aute.

Aute…, ¡cuántos recuerdos,
cuántas horas con tu voz
a solas, soñando tus sueños!,
¡Cuánta juventud alimentada
con el pan de tus versos sonoros,
con esa delicada manera
de impregnar de notas
la alcoba!
¡Cuántas cosas pasaron
de la sombra a la luz
de la luz a la sombra
en aquellos años, cuántas!
Sígueme cantando.

De tanto soñar tu canto
de tanto aprender tu verso,
verso con hilos de tu guitarra
estas palabras para ti, Luis Eduardo:


En un Alba dibujado con la magistral
inspiración de quien se sabe
De alguna manera
etéreamente en ti,
a Las cuadro y diez
arrebatado por las musas.
Anda, es Tarde, muy tarde,
mírame a los ojos y respira y dibújame
De noche todo el día.
Por favor Slowly, Entre amigos
en la noche, sin Alevosía,
sigue siendo un ángel:
No te desnudes todavía, me muero
Sin tu latido, a cambio te ofrezco
El universo en Un ramo de viento,
todo para ti, arrastrado en un beso.



La dedicatoria que Fernando Polavieja y Luis Eduardo Aute,
dejaron, aquella noche, en mi libro.



***

Carlos Edmundo de Ory:
Solamente, un nombre así,
ha de levantarse cada día
con un poeta:
Ed- mundo
Ory- ginal
Ory- noco
Ory- pronobis

De Cádiz a Madrid: Cuarenta y dos
De Madrid a Francia: Cincuenta y cinco.
Al collage, Atelier de Poésie Ouverte,
al juego de las palabras;
Pegamos, cortamos, tiramos
mientras nos reímos
entre el dolor y el amor
en los libros que no mueren,
en el “todo” que estaremos
en esa cartilla cada vez más amplia
de la que nos dices, más dolor, gran peso.
Pero ¿Tú tienes edad?.




Dedicatoria de Carlos Edmundo y flor de Laure Lachéroy,
a éste, como él mismo llama, “Libro de Ana María”.




Carta de 1984, de Carlos Edmundo de Ory, a su padre, Eduardo de Ory (Poeta modernista. Cádiz.1884-1939), con ocasión de la celebración de su centenario:

Soy un poeta que ha llegado a su madurez, y no se me olvida tu profecía. Aquel poema tuyo “A mi hijo Carlos”, cuando yo era un niño de cuatro años. Padre poeta y vaticinador, me viste tal y como yo era de pequeño y presagiaste mi futuro...”Tú serás poeta, / poeta preclaro; / ¡serás... mi obra magna / y mi mejor lauro!”.



Eduardo de Ory,
una vez
a su hijo, un niño
de cuatro años
vaticinó el dolor,
la gloria
de ser un árbol
de versos.
Su más emblemático
laurel,
su legado poético.

Carlos tiene ojos de niño
tras sus ochenta y cuatro
inviernos,
Tras las arrugas tiernas
de su rostro,
y brillo azabache
en la noche de sus iris.
Tiene
veranos de jardín,
trasgresión,
lágrimas,
una caja
llena de enredos.


Hombre escobero
de ramificada locura.
Un cachivache de papel
que travieso,
salta de la estantería
para tomar el próximo tren.

Alzan el vuelo sus versos,
emigran a los libros azules
de la historia,
las palabras
siempre vivas,
desenterrando
amaneceres en otra tierra
anunciada.

¡Qué sé yo!.
Además soy.


Decía Carlos Edmundo en la presentación
de su libro:


No soy un peral.
Soy un hombre







Un peral, no da las gracias
por ser un árbol,
por dar peras.
Yo soy un hombre
poeta a ratos,
cuando escribo
mientras escribo
el poema.
Soy, no un árbol, si no
un hombre que da poemas,
como el peral
da peras y no da
las gracias por ello.
No concibo la poesía sin locura.

La poesía está en el poema o no está.
No voy a dar las gracias por ser lo que soy.







Voy a hablar de las cosas que me gustan:

por ejemplo, de los mercados de frutas
al aire libre.
El color de los tomates, de frutas y verduras,
sus texturas.
El otro día pedí que me llevaran a un mercado de frutas
y me llevaron a uno de esos grandes almacenes
donde la fruta parece estar encuadernada.
Era un mercado encuadernado, todo ordenado.
¿No hay mercado de frutas al aire libre en Jerez?.
¿Me llevaréis a visitar uno?.

Claro que sí, Carlos, te llevaremos. Nos comeremos
los tomates aliñados con aceite de oliva,
ajo picado y una pizca de sal.
Y como estamos en Jerez, lo acompañaremos
con unas copas de vino fino,
oloroso o amontillao
y unos langostinos de Sanlucar,
un buen queso, unas olivas y
un jamón de pata negra.

Un gazpacho o un caldito con hierbabuena.
Una berza con “pringá”, un tocino de cielo … …

Interminable la gastronomía
de esta tierra,
de soles y de viñas,
de sierra y costa,
de pueblos blancos.

Después, montaremos en un coche de caballos
un día de primavera, e iremos a la Fería de Mayo
de Jerez de la Frontera.

Desenterrador de vivos y de frutas
Del espontáneo devenir de los colores
Del caudal mágico de la poesía.

Siemprevivo entre los muertos.


Ana María Espinosa Gutierrez.













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2 comentarios:

Blogger VIKTOR GOMEZ ha dicho...

Donde pones el alma pintas de veracidad los mundos visibles y sus invisibles esferas.

Este blog tiene la luz y frescura de tu corazón púrpura.

Lo visitaré para recargar las pilas de mi ser y aprender en la textura de tus lienzos los ritmos más bellos, las más equilibradas y justas policromías. Ese dibujar lo incolume y lo suficiente, esa gracia de ver con ojos de poeta.

Pintando versos eres única, compa.

Este blog es tan hospitalario como nuestro Carlos y Ana Mª.

Tuyo,

Victor

17 de mayo de 2007, 21:08  
Blogger Ana Maria Espinosa ha dicho...

Gracias compi:

Toman otra dimensión estos
lienzos con tus ojos posados
en ellos.
Bienvenido siempre sea tu
espíritu en ésta, tu casa.

26 de mayo de 2007, 10:45  

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